Viviendo con
Obesidad
Muchas personas que viven con obesidad enfrentan a
diario prejuicios y estigmatización, situaciones que pueden afectar profundamente su bienestar emocional y su salud mental. La obesidad es una enfermedad compleja, influenciada por múltiples factores biológicos, ambientales y sociales, y no una cuestión de voluntad o
responsabilidad individual.
Por ello, es fundamental abordarla con empatía, respeto
y comprensión, promoviendo un enfoque integral de la salud que considere tanto
los aspectos físicos como emocionales, siempre en un entorno libre de juicios. El
acompañamiento adecuado y el trato digno son parte esencial del cuidado.
Cambios en el estilo de vida
Adoptar hábitos saludables es un pilar fundamental en el tratamiento de la obesidad. Estos cambios no solo contribuyen a la reducción de peso, sino que también mejoran la salud metabólica y el bienestar general.
Alimentación equilibrada: Priorizar alimentos frescos y mínimamente procesados, con un adecuado aporte de proteínas, fibra, vitaminas y minerales. Reducir el consumo de calorías en forma personalizada y limitar grasas saturadas, azúcares añadidos y ultraprocesados.
Actividad física regular: Realizar al menos 150 minutos semanales de actividad física de intensidad moderada (como caminar a paso rápido, nadar o andar en bicicleta), idealmente distribuidos a lo largo de la semana y adaptados a las capacidades de cada persona.
Sueño de calidad: Dormir entre 7 y 8 horas por noche favorece el equilibrio hormonal, el control del apetito y la regulación metabólica.
Manejo del estrés: Incorporar estrategias de regulación emocional, como técnicas de respiración, meditación, apoyo psicológico o actividades recreativas, puede ayudar a reducir la ingesta emocional y mejorar la adherencia al tratamiento. (1)
Soporte emocional
El apoyo emocional es un componente esencial en el manejo integral de la obesidad. La estigmatización del peso, basada en prejuicios y estereotipos sobre las personas con mayor peso corporal, puede generar discriminación y afectar de manera significativa la salud mental y el bienestar general.
La evidencia muestra que el estigma del peso no solo impacta a nivel psicológico, sino también fisiológico, asociándose con mayor liberación de cortisol, aumento de la inflamación y mayor riesgo de síntomas depresivos, ansiedad, trastornos de la conducta alimentaria y evitación de la actividad física. Estas consecuencias pueden dificultar aún más el tratamiento y la adherencia a los cambios terapéuticos.
Por ello, es importante contar con redes de apoyo y, cuando sea necesario, buscar acompañamiento de profesionales de la salud mental. Conversar abiertamente sobre las experiencias y desafíos relacionados con la obesidad puede disminuir el estrés, fortalecer la autoestima y favorecer un enfoque más saludable y compasivo hacia uno mismo. La obesidad es una enfermedad, pero no define a la persona.
El apoyo familiar también cumple un rol clave. Adoptar cambios en los hábitos alimentarios y de estilo de vida de manera conjunta facilita la adherencia, promueve un entorno saludable y permite considerar las necesidades nutricionales y emocionales de cada integrante del grupo familiar. (2)
Farmacoterapia
En algunas personas, el tratamiento de la obesidad puede incluir medicamentos como parte de un enfoque integral. La farmacoterapia, combinada con cambios en el estilo de vida, no solo favorece la reducción de peso, sino que también puede ayudar a mejorar enfermedades asociadas, como diabetes tipo 2, hipertensión o dislipidemia, y disminuir el riesgo de desarrollar complicaciones a largo plazo.
Estos fármacos actúan en distintos mecanismos del organismo y su indicación debe ser individualizada. La elección del tratamiento debe realizarse en conjunto con el médico tratante, considerando la historia clínica, las enfermedades asociadas, los objetivos terapéuticos y las preferencias de cada persona.
Entre las principales opciones disponibles se encuentran:
– Medicamentos que actúan a nivel cerebral, ayudando a regular el apetito y la sensación de saciedad, lo que contribuye a disminuir la ingesta calórica.
– Medicamentos que reducen la absorción de grasas a nivel intestinal, limitando la cantidad de grasa que el cuerpo incorpora a partir de los alimentos.
– Tratamientos inyectables, que actúan sobre hormonas involucradas en el control del apetito y la regulación de la glucosa. Estos medicamentos pueden aumentar la sensación de saciedad, enlentecer el vaciamiento gástrico y mejorar el control metabólico. Están indicados tanto en personas con obesidad y diabetes tipo 2 como en aquellas con obesidad sin diabetes, según evaluación médica.
El tratamiento farmacológico no reemplaza los hábitos saludables, sino que los complementa, facilitando cambios sostenibles y mejorando la salud integral. (1, 3 y 4)
Referencias
- NIH (2022), Sobrepeso y obesidad. nhlbi.nih.gov https://www.nhlbi.nih.gov/es/salud/sobrepeso-y-obesidad
- Nutter S, Eggerichs LA, Nagpal TS, et al. Changing the global obesity narrative to recognize and reduce weight stigma: A position statement from the World Obesity Federation. Obesity Reviews. 2024; 25(1):e13642. doi:10.1111/obr.13642
- The Obesity Society. (s/f). Information for Healthcare Providers & Patients. Obesity.org. https://www.obesity.org/information-for-patients/
- OAC. (s/f). Medical Weight Management. Obesityaction.org. https://www.obesityaction.org/education-support/treatment/medical-weight-management/
CL–2600007
El presente contenido tiene fines educativos. Para más información, consulte siempre a su médico tratante.
Este material fue revisado y aprobado por el Departamento Médico de Adium.